Apreciaciones aparte, Quintanilla de Tres Barrios no deja de ser un pueblo singular pues, entre otras cosas, no siempre le han colgado sus tres barrios. Nació con
apellido ajeno y a medida que tuvo uso de razón le dejaron decidir por si mismo aglutinando tres anexiones que nunca se ha llegado a conocer a ciencia cierta su procedencia. Desde entonces ha venido sustentando su peso
sin apenas inmutarse aunque, todo hay que decirlo, ya comience a sentirse renqueante. A vueltas con su Historia, acaso hoy este pueblo de rancio abolengo sea un enigma histórico porque no le sale una arquitectura
aparente con su ancestral condición. Pero no por ello deja de ser milenario. Quintanilla, al igual que Quinta o Quintana, es sinónimo de casa de recreo en el campo cuyos colonos solían pagar por renta la quinta parte de
los frutos recogidos. Todo apunta a que su origen arranca de la remota época de los romanos, aunque no tengamos datos que lo certifiquen.
No es aventurado pensar, sin embargo, que Quintanilla fuera un pueblo ya
asentado en los albores de la repoblación del valle del Duero (siglos X-XI) en una zona estratégica entre las posiciones cristianas y musulmanas. Verdadero artífice de la reconquista de las tierras de Osma (año 933) y
San Esteban de Gormaz (955) fue Fernán González. En el año 1068 había hecho la repoblación del alfoz de San Esteban del Extremo (que así se llamaba por entonces San Esteban de Gormaz) y es probable que con buen fuero,
del que se beneficiaría Quintanilla como núcleo más cercano. Muy lentamente se iniciaría el aprovechamiento, primero con ganado y después con la repoblación de tierras situadas en su proximidad. Comenzaban a gestarse
las condiciones imprescindibles para el asentamiento, que lo más probable es que no fuera de nueva creación sino aprovechando uno anterior, de la época visigoda o romana, que quizá no llegase a desaparecer del todo tras
la irrupción de los árabes.
La noticia o la fuente documental más antigua que se conoce sobre Quintanilla de San Esteban data, precisamente, de esta época (siglo X). Juan Loperráez Corvalán en su libro
Descripción Histórica del Obispado de Osma nos habla de cierta información recogida en el Libro de Memorias y en la Tabla de Aniversarios
de la Iglesia de San Miguel, de Quintanilla de San Esteban, en cuya parroquia se hacía en todas las misas de los días festivos un responso, que pagaba la villa de San Esteban, en memoria de la condesa de Castilla, Sancha Ballestero, mujer de Fernán González, reconquistador del alfoz de San Esteban allá por el año 955, “en agradecimiento del prado que les dejó” a los vecinos de Quintanilla (tomo II, pág. 410).
Reforzando estos datos, se conserva un documento en el archivo municipal sobre un pleito que mantuvieron el Concejo de Quintanilla y el de la Mesta sobre un terreno perteneciente a Sancha Ballestero
quien lo había donado al Concejo de Quintanilla de San Esteban “con carga de ciertos aniversarios de que hacía demostración con el juramento necesario por donde constaba haber sido tierra que se había labrado siempre y
así lo decía en la cláusula de dicho calendario y de derechos semejantes escrituras y antigüedades que lo probaban de sobra…”. Sancha Ballestero, condesa de Castilla concedería cartas de población y privilegio a los
repobladores gozando de ciertas exacciones.
Sobre esta base repobladora debieron comenzar a florecer pequeños núcleos de población aislados en espacios relativamente próximos que en determinados
casos no tardarían en desaparecer. La falta de fuentes documentales hace exclusivo el predominio de las orales que sitúan a núcleos como La Torrecilla o La Aldehuela,
esta última en algún paraje próximo a la Floriana o Prado Corral, dos de los topónimos que contempla el término municipal. La necesidad repobladora del valle del Duero pudo implicar el asentamiento de los tres núcleos de población sobre la misma época con un margen de tiempo muy corto.
En el caso concreto de La Torrecilla, su localización resulta más exacta. El lugar se halla enclavado al oeste del término municipal, en el paraje conocido en la actualidad como Valdelpollo, en los
confines de Matanza y San Esteban de Gormaz. Por sus inmediaciones, cruzando el término de oeste a este, transcurre la calzada romana que unió Clunia con Uxama. Se conservan topónimos como La Calzadilla, en parte de
cuyo trazado han aparecido restos de materiales, en concreto piedras labradas en el paraje conocido como la Majada de la Umbría, no muy lejos del límite con Osma.
Aunque no se posee documentación al respecto, la
tradición oral y los restos de materiales hallados in situ, en el pasado, han dado origen a topónimos como “Las Tejas” (en el mismo lugar donde probablemente se levantara el pueblo) que ofrecen marcada referencia de su
ubicación. Su configuración sería la típica medieval custodiada por la torre vigía que se alzara en lo alto desde donde se divisara una amplia panorámica, excepto por la parte norte. Topográficamente posee unas medidas
aproximadas de 140 metros de longitud por unos 60 de base y una altura de 30 metros. El progresivo deterioro del terreno, consecuencia de la actividad agraria, ha remodelado la estructura perdiendo su condición de
accidente geográfico un tanto abrupto y recortado como debió aparecer a los ojos de sus pobladores. En la parte norte debió instalarse el pueblo, junto al cual surgió un manantial de agua en forma de laguna desecada
recientemente.
Datos menos concisos se tienen para situar La Aldehuela, topónimo hallado en algún documento. Probablemente no estuviera lejos del paraje conocido como Prado Corral. Muy próximo a este
lugar se encuentra la Piedra Rodada donde se han encontrado restos de lo que pudo ser un establecimiento poblacional. El subsuelo está perforado por una galería conectada a tres recipientes redondos fabricados con
argamasa (como el de las atalayas) de aproximadamente dos metros de diámetro cuya finalidad pudiera ser la recogida de aguas, aunque no se descarta que se tratara de algún depósito o granero. Hoy por hoy no dejan de ser
restos arqueológicos (en cierto modo ya excavados). Es muy aventurado pensar que aquí mismo llegara a haber un asentamiento pero tampoco es improbable que no lejos lo estuviera. Un asentamiento que en todo caso no
tendría demasiada continuidad.
Ya por entonces la preponderancia de uno de los núcleos, Quintanilla, se iría haciendo notoria y muy probablemente acabase absorbiendo al resto de los pobladores de los
otros asentamientos. No se descarta la acción de su desaparición por causas trágicas o violentas. Incluso podría ocurrir lo mismo con la actual Quintanilla con su actual delimitación con respecto a su primitivo origen o
asentamiento. Han aparecido restos junto a la actual iglesia de lo que pudo ser un cementerio. Se pueden delimitar dos zonas dentro del recinto: la que correspondería a la parte más antigua y la más reciente. El núcleo
comenzaría a gestarse de oeste a este puesto, pues ha sido en esta zona donde se han encontrado muestras típicas de construcción, por ejemplo casas con tejadillos a la entrada, lagares, bodegas, etc. Ningún vestigio de
arte aparece en el lugar en una zona repoblada de románico. Una iglesia de la época moderna (siglo XVII) y una atalaya, conocida como de San Esteban, en plena línea fronteriza del valle del Duero, son los dos únicos
vestigios de arquitectura de cierta consideración.
Pero personajes les hubo. Una noticia que confirma la plenitud existencial de Quintanilla de San Esteban en el siglo XV aparece en el testamento del
insigne Maestro Pedro de Osma (muerto en Alba de Tormes, el 16 de abril de 1480). En él se dice: “mando que se pague a mi sobrino, Juan Ruy Pérez, de Quintanilla de San Esteban, término colindante con el
de Osma, dos mil maravedíes…” (Zamora Lucas, F. “Pedro Martínez de Osma, gloria insigne de nuestra tierra”. Celtiberia, VII, 1957, págs. 171-198). Al respecto, y sin que ello asevere la identidad sobre la misma persona,
Loperráez Corvalán, dice: No atreviéndome a incluir en el gobierno de ella (Osma) a Ruy Peiret que hallo por un sello de bronce que se encontró en una heredad cercana a esta ciudad el año de mil setecientos setenta y
cinco que se nombraba Roy Peiret d’Osma, teniendo en medio abierta una cruz roja de hechura de la de Calatrava” (Descripción histórica del Obispado de Osma, tomo II, pág. 211). Se trate o no de la misma persona
hay que pensar en el poder económico y social que supondrían dos mil maravedíes en un núcleo de población tan pequeño y con una base económica poco desarrollada basada en la agricultura y la ganadería.

Al margen de estas fuentes y noticias, el documento más importante descubierto con que cuenta el devenir histórico de
Quintanilla de Tres Barrios se encuentra, como queda dicho, en el Archivo municipal. Se trata de un manuscrito sobre el
pleito que mantuvo el Concejo del pueblo con el Honrado Concejo de la Mesta entre los años 1598 y 1600). Las
acusaciones fueron formuladas contra “el conceço e offiçiales de Quintanilla de Sanctisteban en que dixo que los
susodichos acusados de su autoridad tenían nuevamente rrompido e ocupado de primera e nueva rotura cada uno de los
susodichos un pedaço de tierra que era en cantidad de veynte y seis ffanegas de sembradura lo cual tenían hecho en su
término en el pasto, maxada e descansadero y aprovechamiento e passo de los ganados de los Hermanos del Conçexo de
la Mesta sus partes por donde en cada un año yban e venían a los extremos e tierras y a otras partes…” La roturación y
labranza del terreno conocido como Fuente Ximeno que se entendía por parte de la Mesta como cañada real se encuentra
enclavada en lo que en la actualidad se denomina “Fuente de los Cantesares”, tocando a la Atalaya. Por aquí pasaba un
ramal que iba a desembocar a una de las grandes cañadas reales, concretamente a la Central o segoviana, cuyo entronque se unía por la umbría de la sierra de Guadarrama. Esta cañada partía de tierras de Cameros.
Ya se ha mencionado la concesión de este terreno al Concejo de Quintanilla por parte de la Condesa de Castilla, Sancha
Ballestero, mujer de Fernán González. Las primeras diligencias del contencioso tomaron contacto en la Real Chancillería y
Corte de Valladolid el día 30 de mayo de 1598, siendo alcalde entregador de Mestas y cañadas el licenciado Cabrera
Girón, ante quien se presentó en la villa de San Esteban de Gormaz, Pedro de Salazar, procurador por el Concejo y
vecinos de Quintanilla de San Esteban, y Antonio de Perlines por el del Honrado Concejo de la Mesta. Ante ellos se
personó Sebastián Gil (probablemente el alcalde) en nombre y en defensa de los intereses del pueblo. Su exposición de
los hechos no debió ser de conformidad de la parte opuesta quienes dictaron sentencia definitiva el 17 de junio de 1598 en
la villa de Torralba, condenando al pueblo de Quintanilla a que dejasen libre el terreno para aprovechamiento de la cabaña
Real so pena del pago de 20.000 maravedíes. Y por haber incurrido en un hecho injustificado les fue impuesta una multa de
6.000 maravedíes, más las costas correspondientes. Interpuso la correspondiente apelación el Concejo de Quintanilla
alegando agravios contra las penas impuestas mediante una carta firmada por los vecinos del lugar: Sebastián Gil y Juan
Martínez, como regidores; Francisco Sancho, Francisco de Miño, Juan Gil el Viejo y Juan Gil el Mozo, Miguel de
Burgos, Andrés de Huerta, Gabriel, de Juan Gil (se supone que el hijo), Juan de Hernando, Miguel de Arriba, Juan de Alonso y Juan de Miño en nombre propio y de los demás vecinos.
La sentencia definitiva la fallaría la Chancillería de Valladolid a favor del Concejo de Quintanilla revocando la sentencia
anterior de la Mesta “e haçiendo xustiçia absolvemos al dicho conçexo e veçinos de Quintanilla de Sanctisteban sean
devueltos y restituidos todos los bienes e maravedis que por raçón dello les hayan sido tomados… E por esta nuestra
sentençia definitiva ansi lo pronunçiamos e demandamos el licenciado Figueroa Maldonado, el licenciado Juan Gonçalez de
Solorçano, el licenciado Ayala”. Contencioso que habría de durar dos años hasta la definitiva resolución y que supuso una
gran victoria para Quintanilla contra toda una organización como el Concejo de la Mesta. Tierras estas que fueron
concedidas para su repoblación por parte de Sancha Ballestero y por tanto privadas que no como aprovechamiento de la Mesta. De aquí lo del responso en todas las misas.
Hacia el año1650 Quintanilla dejaría de ser arrabal de San Esteban de Gormaz para pasar definitivamente a denominarse
de Tres Barrios, sin que la denominación de “los tres barrios” provenga de los posibles núcleos existentes en la
demarcación del término o bien fuera debido a la configuración del propio recinto urbano. Quizá sea más cierto lo último que lo primero. Por entonces se construiría la iglesia de San Lorenzo Mártir
, patrón del pueblo, dejando de pertenecer la jerarquía eclesiástica a la de San Miguel, de San Esteban de Gormaz, y la ermita de Nuestra Señora de la Fuente, en
la que se venera la Virgen de la Piedra, patrona del lugar. En la iglesia se hallan algunos vestigios que pueden ayudar a situar
a Quintanilla dentro de un contesto milenio. En el artesonado del techo del ábside se pueden verlas pinturas de varios
escudos de armas nobiliarias que inducen a pensar en la procedencia de sus apellidos. Falta por llevar a cabo un exhaustivo
trabajo de investigación sobre el tema. Igualmente se encuentra la talla de una Virgen y de un Cristo románico. Además de
una piedra colocada en uno de los muros de la iglesia en la que puede leerse la fecha de un año del siglo XVI. Todos y cada uno de estos vestigios pueden desvelar el oscurantismo de su historia.
En cuanto a la ermita fue restaurada en 1847 tras un informe emitido por el párroco sobre la última visita pastoral, acaecida
en el año 1827, y en el que hacía mención al estado regular de decencia. La obra fue llevada a cabo por el arquitecto de El Burgo de Osma, Lorenzo Gil, en 1.570 reales, materiales y peones por cuenta del pueblo.
La información más abundante que se posee se remonta al siglo XVIII y en concreto al Catastro del Marqués de la
Ensenada. Datos de extraordinario valor para el estudio económico y social. En él se hace constar que el lugar es de señorío y que pertenecía a la Marquesa de Villena
(hoy lo sería de la Duquesa de Alba) quien percibía derechos de tercias, martiniegas y alcabalas por valor de 1.250 reales de vellón anuales “que goza y percibe de tiempo inmemorial a esta
parte que no saben con qué título ni porqué razón”. El estamento eclesiástico controlaba la práctica totalidad de los
beneficios por impuestos directos e indirectos que gravaban sobre bienes muebles e inmuebles. La explotación de los 21
labradores, 3 pastores, 1 sastre, 1 tejedor, 1 herrero, 1 sacristán y 7 tratantes de ganado que por entonces tenían su
profesión en Quintanilla de Tres Barrios llegó a ser agobiante, teniendo que recurrir en ocasiones a préstamos
practicados a un alto tipo de interés –hasta un 175 por ciento- para poder subsistir. El capital total del producto bruto
ascendía a 37.763 reales con lo que la renta per cápita familiar se colocaba en los 1.224 reales para cada uno de los 30
vecinos del pueblo, aproximadamente unos 150 habitantes, cifra confirmada por Madoz en su “Diccionario”.
Y si con la iglesia nos topamos hay que hacer mención a los beneficios acaparados por la jerarquía eclesiástica (Cabildo de
la Iglesia de Osma, Arcipreste de la villa de San Esteban de Gormaz, Seminario de la villa de El Burgo de Osma, Iglesia
parroquial de Quintanilla) y la Marquesa de Villena. Todos ellos se llevaban el suculento pastel que pagaba el labrador
sufragando la cantidad de seis celemines de cada especie de grano recolectado y que anualmente representaba 22 medias
de trigo, 22 de centeno, 18 de cebada y 22 de avena, correspondientes a 22 labradores y al Concejo del lugar, lo que
suponía un desembolso de 349 reales por contribuyente. El sueldo diario del labrador estaba en torno a los 2 reales, el del
sastre y tejedor 4, el del pastor, 1,5 y el del sacristán, 1,2; herrero y guarda apenas llegaban a 1 real diario. (Torre García, L.
Estudio socio-económico de un municipio al mediar el siglo XVIII: Quintanilla de Tres Barrios. Celtiberia, núm. 66. págs. 277-304. 1983).
Uno de los documentos de mayor relevancia para el estudio socio-económico de Quintanilla de Tres Barrios es la
desamortización eclesiástica que tuvo lugar hacia el año 1868. Las ventas, todas ellas propiedad del clero secular,
pertenecían íntegramente al Hospital de El Burgo de Osma gracias a las anexiones, donaciones y percepción de rentas en
forma de diezmos que tenían adscritas estas capellanías. En total 38 tierras de labor adjudicadas en arriendo al único
postor de la subasta, Valentín García, vecino de la población en la cantidad de 59 escudos anuales. Anteriormente,
Bernabé Romero tenía fincas arrendadas al clero por valor de 3.001 reales anuales. No se sabe con exactitud si se trataba de las mismas propiedades.
Para hacerse una idea de lo que recaudaba el clero y otros anexionados en cuestión de capellanías, heredades, racioneros y
rentas agrarias sirva la siguiente relación: Monjas de Aranda ( en 1785); Iglesia de Quintanilla; Racioneros de El Burgo de
Osma; Hospital de El Burgo de Osma; La Capellanía; Renta Bermea; Renta de Gasco; Renta de Ochoa; Renta de Artisana; Renta de la Margarita; Renta de Peñaranda; Renta de don Eustaquio Marqués (de San Esteban de Gormaz);
Renta de El Ribero (año 1853); Renta de Antonio Bravo; Renta de Antonio Diez. Todos ellos eran los agraciados.
Por último, repasar a voleo la población que entre líneas se ha podido extraer en cuanto al número de habitantes debido a la
escasez de datos al respecto. Por el pleito de Fuente Ximeno conocemos que al menos 13 vecinos vivían en Quintanilla, lo
que supone aproximadamente unos 60 o 65 habitantes. En 1752 el Catastro del Marqués de la Ensenada nos habla de
32 vecinos, entre 128 y 150 habitantes. En 1834, Pascual Madoz, en su “Diccionario Geográfico Estadístico Histórico
de España” nos detalla el número de habitantes, 157, y su distribución por edades y sexos. En 1848 baja el número de
vecinos a 27 y el de habitantes a 150. Carmelo Salvador en su libro “Soria: 1860-1936” nos da el número de habitantes
para cada uno de los años de este periodo. Entre 1857 y 1930 el padrón se encuentra oscilando entre los 331 y los 396.
En los años de 1941 a 1960 la cifra de habitantes se mantiene entre los 381 y los 322. Comienza a notarse el declive rural a
partir de los años 60 cuya sangría ha seguido haciendo mella hasta la actualidad. Queda la duda de hasta dónde llegará.
(Art. Historia por Leopoldo Torre García)