Cuando os decidáis a visitarlo, en seguida os
daréis cuenta que Quintanilla de Tres Barrios es un pueblo de altura, de mucha altura. Un paisaje de amplias panorámicas y de horizontes lejanos el que se vislumbra en su término. Aquí podréis encontrar el
sosiego, la paz y la tranquilidad en un entorno abierto en el que la vista se recrea y se pierde y la mente se expande.Un paisaje ideal para vivir en simbiosis con la naturaleza y explorarla con los
sentidos. Un pueblo ideal para habitarlo todos aquellos soñadores que se expresan con los sentimientos, en especial los del arte –pintores y poetas-, porque en él encontrarán el eco de su expresión y la encandilación
del paisaje. Paisaje variopinto que responde a matices diferentes que conforman los contrastes de sus tierras. Terreno salpicado de encinas, de enebros y de chopos que plasman de pinceladas grises el contorno del
cuadro. El esplendor de la naturaleza al desnudo para ser pintada, observada y admirada. Está claro que quien busque el silencio como relajante y la tranquilidad como relax, aquí encontrará la
respuesta.
Quintanilla de Tres Barrios está bien aireado y a ello contribuye su altitud, con un promedio de 900 metros. Todo su término es paisaje inmenso y horizonte amplio. Déjate
llevar por el susurro del viento y piérdete en la paz del silencio, que también es recuerdo. Tienes por delante un camino por andar en su extenso término (2.575 hectáreas aproximadamente) y goza de la diversidad de
panorámicas y paisajes tanto del término municipal como los de sus alrededores y de aquellos que trascienden los lindes de su demarcación. Pisarás historia, qué duda cabe. Desde Valdecastilla
(punto culminante, 1024 mtrs.), en el límite con Osma, donde cuentan las crónicas que en el año 1325 el hijo de Garcilaso vengó la muerte de su padre matando a catorce caballeros y al cabecilla principal, natural de Morcuera, la panorámica es inmensa: se divisa a la perfección desde la sierra de Urbión hasta la de Guadarrama.
Cerca de donde te hallas se encuentran las Chorreras, un paisaje arcilloso en forma de crestas agudas que el contraste de luz y de sombra le confiere un atractivo singular. Resulta muy
fotogénico. Tómate un respiro y continúa por la Cañada Real entre monte de encina. Irás siguiendo la ruta merinera hacia el oeste donde se halla enclavada la Atalaya
(en la que tiene lugar la tradición de mayor raigambre entre los del lugar) y desde donde podrás divisar a la perfección la formidable fortaleza del castillo de Gormaz, el de Uxama y el de
San Esteban,
y varios pueblos diseminados alrededor sobre el valle del Duero y el inmenso horizonte que se abre a tus pies. Por la parte norte, la panorámica se extiende más allá de la tierra de los Avellaneda y de la Galiana de Ucero. Si te acercas por mayo, el sábado víspera de la Ascensión, podrás participar en una singular romería a la que sólo pueden asistir los varones (no es cosa del machismo porque así ha estado establecida desde sus orígenes). Es de mucha algarabía y de ancestral tradición y marca el inicio de una alegre fiesta, empezando por un buen almuerzo entre letanías y buen vino.
Párate a escuchar el flamear del viento y el cántico de las aves. Oirás la sinfonía del silencio con notas melodiosas. Si la ocasión lo requiere, decídete a visitarlo al declinar la primavera o al inicio
del estío, cuando los campos ondulan sus granadas espigas y el ababol florece con todo su esplendor. Si al caer la noche reposas tumbado mirando el firmamento estrellado y sientes el griterío ensordecedor de renacuajos
y de grillos, te parecerá que estás en pleno paraíso. ¡No lo dudes!, te sentirá como en él lejos del mundanal ruido haciendo de huésped del silencio.
Si tienes la oportunidad, vuelve apenas iniciado el
otoño, momento en que la naturaleza explota en mil colores y el campo se viste de ensueño. Tal es el contraste que se contempla que la vista y los sentidos se visten de largo. Si te acercas por el mes de octubre es
posible que participes en la vendimia y puedas ver cómo se hace el vino por el método tradicional. Que alguien te cuente todo lo que llevaba aparejado antaño las mosterías. Octubre siempre ha sido un mes de
órdago: mucho colorido y tradición. Aunque de ello sólo quede el recuerdo con sus innumerables anécdotas, que podrás encontrar en otro apartado de esta página. Pero si un día te plantas en Quintanilla y la ocasión lo
requiere haz lo posible por visitar una bodega y que te cuenten sus historias.
En este cúmulo de historia, paisaje y tradición hay que situar Quintanilla de Tres Barrios en su lugar correspondiente. Es
uno de tantos pueblos de la geografía soriana cuya ubicación hay que buscar al ladito de San Esteban de Gormaz, a 3,8 kilómetros del desvío de la carretera N-122. En un alto, para que se le oreen bien las entrañas, se
levanta erguido, con su estatura de 934 metros. A cada una de sus faldas, formando pequeñas vegas, surcan dos riachuelos, Torderón y la Estacada,
que se las ven y se las desean para llevar agua continua. Corrientes de tan parvo caudal nunca fueron regalo divino para regar sus tierras, otrora exprimidas hasta la saciedad. Hoy lo que se cultiva es cereal y viñedo, el fruto de este último de notoria calidad hasta el extremo de ser el culpable del grado conseguido por el caldo, con su correspondiente etiqueta de denominación de origen Ribera del Duero. Ya hemos hablado del calor de las bodegas, de las costumbres de merendar en ellas hasta altas horas de la noche y de los secretos que guardan entre sus paredes.
No todo el campo es orégano. El de regadío no puede entenderse como tal y los campos se cultivan para llenar los graneros. Al paisaje de onduladas espigas le salen muchas manchas negruzcas y verdosas a
modo de pinceladas entre las amarillentas espigas y las rojizas tierras. Son grandes chaparras en desbandada. Goza Quintanilla de un extenso terreno de monte de encina que lo corona por su parte este y sureste,
limitando su mojonera con la de Alcubilla del Marqués, Osma, Valdegrulla, Berzosa y Matanza. Un monte comunal agostado en el tiempo que permanece apenas sin explotar.
Claro que lo que no va en
lágrimas va en suspiros. El efluvio de los olores invade el ambiente cuando rezuma la flor de la aliaga, el tomillo o la retama fundidos con los de otras yerbas que de muchas clases y variedades abundan por estas
tierras. Resulta evidente que por aquí las rutas se hacen doblemente placenteras porque sus paisajes alegran la vista y sus olores se funden en las pituitarias.
Qué duda cabe que es éste un terreno
especial para rutas y senderismo. En Quintanilla siempre encontrarás un camino por andar. ¡Y son tantos! Su orografía hace idóneo el caminar por sus parajes llanos y sus desniveles considerables. Se pasa del valle a la
montaña que los circunda en cuestión de momentos y se continúa desde lo alto con unas perspectivas, que como queda dicho, despiertan los sentidos. Altos y cerros hay para dar y prestar en el término. Desde el “alto de
los Aires”, se divisan unas panorámicas espectaculares, y desde aquí se pueden trazar rutas variadas. De alto a alto y de cerro a cerro hasta las vaguadas. Muy cerca de aquí se encuentra “el Montón de trigo” que también
quita el hipo en cuestión de paisajes. Nos hallamos en la parte de monte del pueblo, desde donde el paisaje resulta más variopinto. Pero hay otros altos que confirman los desniveles. Desde el “alto de Ribamayor” también
se divisan buenas vistas y paisajes. No hay que olvidar el de “la Zamarra”, el de “la Bandera”, el de “Cerrovilloso”, o “Cerro la Cruz”, “Cerro Campana”, el “pico de la Umbría”, y, evidentemente, “Valdecastilla”,
que como queda dicho se lleva la palma en cuanto a altura* (ver en esta misma página los topónimos del pueblo).
Desde los altos se ven los bajos. Y todos y cada uno de ellos poseen unas atractivas
connotaciones que los hacen algo diferentes a los demás. Quizá por la ubicación, quizá por la visibilidad o quizá por el entorno, lo cierto es que no demasiado diferente al resto pero sí con suficientes apreciaciones,
encarnan junto a sus alrededores una fotogenia especial. Todas estas características hacen del término de Quintanilla un atrayente para aquellos que les encante el paisaje abierto, las panorámicas espectaculares, el
recogimiento interno y el paisaje artístico. Un pueblo que te ofrece un remanso de sosiego y de paz, especialmente indicado, como decíamos, para personas que les gusten el medio natural, el senderismo, la pintura
paisajística o también indicado para la relajación de poetas empedernidos y caminantes sin prisas ni caminos a elegir.
Os invitamos a que contempléis esas postales que ofrecen la naturaleza viva y el
paisaje abierto. Visitarlo, a poder ser, en diferentes ocasiones y estaciones. Y si de verdad os impacta y os sentís reconfortados, no nos importaría teneros entre nosotros para poder disfrutar juntos de las noches
estrelladas, del griterío de grillos y renacuajos, de las magníficas puestas de sol, de los nítidos cielos azulados, del canto de las golondrinas… Y, por supuesto, compartir buenos momentos. En el apartado de “Noticias”
de esta web podréis encontrar posibles ofertas de ventas de casas, locales o terrenos por si son de vuestro interés. Que así sea.
TOPONIMIA O DENOMINACIÓN DE ALGUNOS PARAJES DEL TÉRMINO
DE QUINTANILLA DE TRES BARRIOS
En esta relación incompleta de nombres de lugares del término de Quintanilla de Tres Barrios se mencionan parajes actuales y otros
que ya no tienen identidad pero que en su día fueron conocidos con este nombre. Por otra parte hay que reseñar que no aparecen
recogidos en su totalidad los nombres de lugares con referencia de caminos o sendas, altos o cerros, barrancos, coladas... Algunos de los aquí relacionados lo son porque suelen ser más frecuentes,