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¡Cuántas odiseas En invierno las ovejas parían y venían al
pueblo. El pastor avisaba por la mañana a los amos para que las soltasen a las
Eras, a la Carrancha…, y El pastor curtido era un experto, entendía de todo. Del oficio, del tiempo, de la naturaleza, de las necesidades. Asistía en el parto, biznaba las roturas, sanaba los males de las ovejas… Tanto tiempo fuera de la casa que el campo era su hogar. A veces procuraba abastecerse de lo que encontraba o de lo que sacaba al juntarse con algún labrador. La necesidad afinaba de buena mañana el garrote y gallina que se ponía a tiro… al morral. Por mayo había los “entretrigos” y mucho jolgorio porque iba a ayudarle cada amo. Chicos o grandes que animaban la soledad del pastor haciendo de las suyas… Para que no se pasase de la raya el guarda estaba siempre al acecho.
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